Ojo seco y la importancia de las lágrimas

El síndrome del ojo seco es una alteración que se da en la superficie de la córnea y la conjuntiva por la falta de lágrimas o por la mala calidad de las mismas. Cuando se produce, la superficie del ojo no está lubricada de manera correcta y esto puede ocasionar problemas oculares leves como molestias o algunos más graves como lesiones en la córnea y la conjuntiva. 

Causas del ojo seco

  • La causa más habitual se produce por la edad, cuando el ojo no segrega la cantidad de lágrimas necesarias para mantener humedecida la superficie del mismo. Según se envejece, las glándulas que generan las lágrimas se van atrofiando poco a poco.
  • En las mujeres se suele dar también por un cambio hormonal, durante el embarazo o por tomar anticonceptivos orales, como la píldora, aunque también es bastante frecuente en la menopausia.
  • El clima es otro de los factores más influyentes, sobre todo en aquellos lugares donde el viento es común.
  • Mirar fijamente sin apenas parpadear un libro o la pantalla de ordenador generan esta patología, cada vez más frecuente en personas que trabajan ocho horas frente a un ordenador.
  • Por diferentes enfermedades como síndrome de Sjögren, artritis reumatoide, etc.

Síntomas del ojo seco

En este caso hablamos de dos síntomas casi contradictorios. Por una parte, sensación de objeto extraño en el ojo o arenilla, picor, escozor u ojos rojos. Por otra parte, un lagrimeo constante. En este último caso, el ojo se quiere proteger produciendo lágrimas en exceso pero de baja calidad, las cuales no aportan los nutrientes ni la protección adecuada al ojo.

Tratamiento para el ojo seco

En este caso, lo mejor es utilizar lágrimas artificiales cuando notamos el ojo rasposo o cremas lubricantes específicas para la zona ocular. Si con estos sencillos remedios no notamos mejoría, lo ideal es acudir a un médico especialista a hacer una revisión y esperar a que sea él quien nos ponga el tratamiento.

Para prevenir el síndrome del ojo seco, debemos forzar el parpadeo durante el día, no exponernos a ambientes demasiado secos (utilizando en ese caso humidificadores) y no orientar nunca corrientes de aire (ya sean cálidas o frías) hacia los ojos.

El síndrome del ojo seco lo suelen sufrir más las personas mayores (como ocurre con la presbicia) y las mujeres con la menopausia, pero nadie está exento de padecerlo.

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